Las chicas al frente
Abrieron el año pasado para Stone Temple Pilots, tocaron en Cosquín Rock y ahora llegan a Niceto Club para presentar su primer disco, Entre Sueños y Distorsiones. En esta entrevista, Ana Julia González y Lucía Szellner dan forma a su propio retrato: dulce, oscuro y con el volumen bien fuerte.
Escrito por Lucha Miranda
Escrito por Lucha Miranda


Son las dos de la tarde y Kill Flora tiene otra entrevista después de esta. Y probablemente otra después de esa. Así está siendo este mayo para Ana Julia González (21) y Lucía Szellner (22), el dúo que arrancó en un taller escolar de Quilmes y que este miércoles 13 lleva Entre Sueños y Distorsiones (2025), su primer álbum de estudio, al escenario de Niceto Club. El show más grande que hayan dado como banda. Y lo saben.
"Estamos muy nerviosas", confiesa Ana con timidez. "Tocamos en festivales para mucha gente, pero así, un show propio, es lo más grande que tuvimos hasta ahora".
No es solo el tamaño del lugar. La apuesta que tienen preparada va mucho más allá del setlist. Hay escenografía, hay invitados: una tercera guitarra, posiblemente un violín, una tecladista. Y como adelantaron también por Instagram, hay hasta una coreografía. "Queremos que sea una fecha imperdible", suma. "Como cuando vas a un show y salís transformado".
Esa transformación, de algún modo, es exactamente de lo que trata el disco.
De los acordes a las melodías
Kill Flora empezó siendo otra cosa. O quizás no, quizás siempre fue esto, pero tardó un poco en encontrar la forma. Cuando Ana y Lucía se conocieron en el Holmberg Schule de Quilmes, tenían 16 y 17 años, acababan de descubrir a Bikini Kill y querían hacer punk, aunque Ana, por herencia familiar, tenga un cuadro de los Beatles en su cuarto de color pastel. "Teníamos un espíritu más de rebeldía punk y también éramos re pibas, queríamos jugar", dice.
Entre Sueños y Distorsiones es un álbum circular y compacto de diez canciones. Hay guitarras que se disuelven y que se quedan dando vueltas días después. Están The Cure, The Cranberries, My Bloody Valentine, Fiona Apple y también Evanescence y El Otro Yo.

El cambio fue gradual y, en parte, técnico: "Al principio componíamos con acordes. Ahora empezamos a componer con melodías, a jugar con armonías entre las dos guitarras", explica Ana. "Refleja nuestro aprendizaje con el instrumento. Empezamos cuando apenas tocábamos la guitarra y sin experiencia en los shows". Hoy transitan otro espacio, el de ser una banda nueva pero construyendo una carrera sobre cimientos de dulzura, oscuridad y volumen.
Lucía suma algo que suena simple pero encierra bastante: "Tocar mucho en vivo hace que te perfecciones en esa sencillez que escribiste. En el escenario mismo vas siempre mejorando el solo, los ritmos, la fluidez".
No se declaran virtuosas, pero tampoco se limitan por eso. "Si me confundo, si me equivoco, ya fue. Es nuestra banda, podemos hacer lo que tengamos ganas", dice Ana.
En algún punto de la conversación nombran a Mitski y Phoebe Bridgers. "Siempre me fui por el lado de las canciones tristes de chicas", afirma Ana. "Al principio nos decían que éramos las Wet Leg argentinas, porque son dos chicas también". Y también The 1975, por esa cualidad particular que tenían en su época dorada de hacer que el sonido siempre llegara exactamente al sentimiento que buscaban.
La gacetilla de prensa describe Entre Sueños y Distorsiones como "una habitación cuyas paredes se van cerrando cada vez más". Es una imagen que las propias chicas eligieron, y se nota que viene de adentro. Las canciones del disco, “Estaba tan segura”, “Lejana”, “A veces”, “Hipersemiótica”, “El chico de Paraguay”, entre otras, son autobiográficas de una manera que no se puede fingir, pero ¿qué tan expuestas se sienten al presentar un disco tan personal en vivo, frente a tanta gente?
"Cuando apenas salió no sabíamos cómo se lo iba a tomar la gente que nos escuchaba. Si bien ya veníamos hablando de situaciones más introspectivas, como con “Pienso mucho”, yo le decía a Lu: siento que la gente no se espera esto, no sé cómo se lo van a tomar. Lo vamos a hacer igual, obvio, porque nos encanta, pero la verdad es que siento que nadie se espera esto", responde Ana. "De tocarlo en vivo ya tenemos muy naturalizado eso de estar exponiéndonos así, como estar al desnudo".
"No me podría imaginar canciones que no tengan eso, entonces nos dé vergüenza o no, lo vamos a tener que hacer porque es lo que sale, es lo que hay", agrega Lucía, como quien complementa una canción.

Hipersemiótica, o todo está conectado
Entre todos los títulos del disco, hay uno que llama la atención: “Hipersemiótica”. Dos minutos de canción, nombre improbable. La explicación llega de Lucía, que cursaba Semiótica en la facultad mientras lo componían. "Fue como parir un hijo esa materia, la odié", recuerda. "Pero me interesaba mucho el punto de que todas las cosas tienen que ver, que en el arte tenés un discurso que del otro lado lee otro". La letra mezcla, literalmente, imágenes de ella yendo a cursar con un estribillo que surgió en plena campaña electoral. "Tiene eso: la idea de que todo es una red, todo está conectado en la semiosis social". Y agrega: "Como un hipercandombe".
Lucía estudia Curaduría de Artes. Ana, Guión para cine. Dos carreras que les dan mucho material, y ellas parecen cazar mariposas cada vez que dan con la materia prima.
Politics don't kill my vibe
Kill Flora no tiene canciones explícitamente políticas. Lo dicen ellas mismas, y no lo dicen como disculpa sino como descripción: su manera de componer es introspectiva, situacional, y exigirse otra cosa sería deshonesto. "Si no nos sale, no nos gusta forzarlo".
Pero la pregunta sobre política las encuentra lúcidas. Recuerdan un show que coincidió con el día en que el fotógrafo Pablo Grillo fue agredido en una marcha. "Toda la tarde viendo las noticias y a las ocho de la noche tengo que estar ahí cantando. Se sentía raro: no puedo hacer un show cagándome de risa cuando salís y está todo eso". La conclusión que sacan no es retórica: "Saber en qué momento estás, a quién le estás cantando. Estar presente".
Y hay algo más que señalan, casi de paso, que merece detenerse: "Somos una banda de chicas que hablan de cosas de chicas. Pero eso no significa que no tengamos una postura". Lucía va más lejos: "Ponerse en primer plano y hablar de esta introspección ya es bastante político, ¿no?".
La respuesta es sí.
La banda nueva
Existe una categoría en la industria musical argentina a la que Kill Flora siente que la mandan automáticamente: banda nueva, vemos qué pasa. Llevan cinco años tocando, abrieron para Stone Temple Pilots en el Estadio Obras, estuvieron en Cosquín Rock, y siguen siendo "las chicas jóvenes del under". Ana lo procesa pero agrega algo que suena a límite: "En los cinco años que tenemos vivimos un montón de cosas. Hay cosas que ya las experimentamos, las vivimos, aprendimos. A veces está bueno valorar ese aprendizaje".
Lucía va al hueso: "Siento que hay muchas trabas porque somos dos chicas y somos jóvenes. Pero eso no quita que seamos una banda que ya tiene un camino".
Ese camino tiene una escala. Dos horas, todas las canciones, coreografía, invitados, escenografía. Una habitación que, esta vez, no se cierra se abre de par en par.
Kill Flora presenta Entre Sueños y Distorsiones el miércoles 13 de mayo a las 20hs en Niceto Club (Niceto Vega 5510, Palermo). Banda invitada: 99dosmil.

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