Dar es dar
Escrito por María Zentner
Escrito por María Zentner
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Promediaba la segunda parte del show en el Movistar Arena y, antes de empezar a tocar “Al lado del camino”, Fito Páez aprovechó para hacer un descargo: “La falopa ahora es rápida. Si no tenés rápido lo que querés, te aburre. Eso está mal. Porque está inducido, amigues. Recontra inducido. Necesitamos parar y bajar para no satisfacer los deseos de los que nos manejan. Se llama dopamina y está dentro de nuestro cuerpo y saben cómo usarla. Entonces, anyway… Yo amo: no sé odiar. Y me gusta también compartir todo. Todo es todo. Entonces no quiero hablar ni opinar sobre lo que pasó recién al final. ¡La ansiedad! Menos, muchaches, ¡menos! Porque está bueno todo. El polvo está bueno lento, también. Está bueno detenerse a escuchar al otro. Porque te está haciendo un regalo, ¿entendés? Es, casualmente, de lo que habla esta canción. No va a faltar nada acá. A eso voy. Porque yo no saco temas para poner y rellenar. Acá está todo igual”. Y vaya si las palabras fueron pertinentes. Porque media hora antes, mientras Lorena Vega interpretaba los últimos fragmentos de “Esperanzas y tormentos”, desde las plateas muchas personas empezaron a… ¡chiflar! Ah… el mejor público del mundo. Por favor. Acababan de presenciar un momento único: Novela, la ópera rock que a Fito le tomó 38 años dar a luz, finalmente se encontraba con el vivo. La había tocado una única vez, el 13 de marzo en Rosario, durante los festejos de su cumpleaños, y ahora terminaba de desplegarla sobre una noche que habría sido perfecta, si tanta gente no hubiera ido a escuchar música buscando entretenimiento.
Igual sí fue perfecta. Porque, ya lo dice el propio Páez en “Sale el sol”, el final burbujeante de Novela: “A los villanos los queremos en este film/Si algo aprendimos en el viaje es que nadie tiene razón/Todos esperamos que la vida nos regale ese beso que nos ilumine/y nos abra el corazón”.
Unos días antes del concierto, con las entradas agotadas hace meses, Fito anunció en sus redes sociales que para la fecha del 20 de mayo, y con la excusa de la salida de su próximo álbum –Shine– al día siguiente, quería tocar Novela entero. A modo de despedida pero también como un regalo. Novela, él mismo explicó antes del comienzo del show, es un proyecto que amasó durante casi cuatro décadas. Un disco ambicioso, que tomó mucho tiempo materializar y que pide un tipo de atención poco habitual para la época.
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Novela es una historia de amor, claro que sí. La historia de amor entre dos personas, pero también la historia de amor a la música (“Elogio del amor: estrofa y estribillo”, canta en “Los corazones necesitan amar”). Amor a la propia historia. Una historia de amor a los amores. Una historia de amor al otro: al diferente, al que quizás no entendemos. Una historia de amor al paso del tiempo y también una historia de amor al instante irrepetible. Una historia de amor al cine, al arte, a los maestros, a los que nos van a suceder.
Novela es una ópera y es rock. Es comedia musical, cine clásico de Hollywood, circo criollo, tango y rocanrol. Novela es un viaje hacia los confines de todas esas historias que confluyen en una vida, que es la de Fito y que es el tiempo que se tomó para concretar el sueño más real que lo acompañó a través de toda su carrera. ¿Cómo no va a ser un honor estar ahí para verlo tomar la forma última y más increíble, que es el vivo?
Escuchás Novela una vez y quizás se te pierden algunos detalles porque la atención estos días, el poder de abstracción, la imaginación, vienen escaseando y con el músculo medio desinflado.
Escuchás Novela por segunda vez y la cosa se va poniendo gordita: los personajes van tomando otro espesor. Las canciones tienen mil colores y texturas y recovecos. El viaje empieza a ser turbulento, sexy, oscuro, atemorizante, intoxicante, encantador.
Escuchás Novela en vivo y el cuento de hadas te explota en la cabeza. Ahí está todo: La historia de Maldivina y Turbialuz y el desafío de entender qué es el amor. La de Jok y Julius y las rivalidades más anquilosadas. La de los jóvenes y bellos Loka y Jimmy y su amor imposible y por lo tanto perfecto entre seres de mundos que no están destinados a cruzarse y sin embargo... La del circo que es una revolución de pueblo chico. Los chismes, las brujas, las hechiceras, las putas. El amor antes del amor.
Y ahí van Charly, Spinetta, Lennon y el Mago de Oz. Lorena Vega, actriz, dramaturga y la narradora de este relato, que aparece gigante en ese vozarrón y la interpretación que en vivo se vuelve totalmente hipnótica. Con una banda que suena como si todos hubieran nacido y vivido todas sus vidas solamente para llegar a este punto. Con un Páez en estado de gracia y de agradecimiento: entregado, desgarrado en mil pedazos y vuelto a armar en cada tema que va pasando.
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“He tenido una vida licenciosa. Me ha gustado y me gusta tenerla. Dentro de todas esas licencias, me tomé una pensando: el jueves sale Shine, el nuevo disco, y el miércoles tocamos en el Movistar. Hagamos Novela. Despidamos la Novela. Me parecía maravilloso venir hoy a contar un cuento, una historia de amor en el marco del delirio en todos sus planos: el delirio de la realidad, que es el que pasa en el mundo ahí afuera, que no está exento de ser afectado por esta fantasía. Y a la vez la fantasía siendo infinitamente afectada por la realidad de allá afuera, que a la vez puede que se lea hoy exacerbada, pero es permanente en el mundo. Porque la condición humana es un sarpe. Quería tocar Novela hoy. Me parecía hermoso poder reproducir entera esta historia de amor. Un cuento de amor en tiempos de tanta pulsión de odio”. Con el escenario iluminado y con los músicos en penumbras, Fito Páez comenzó el show hablando y contando. Primero explicó los motivos y después se tomó unos minutos para hacer un resumen del argumento de Novela, por si alguien entre el público no estaba al tanto y bueno: para evitarles el esfuerzo de tener que seguir un relato que, en el marco de la continuidad poética y musical, podía resultar escurridizo.
Entonces se abrió el telón imaginario y ahí empezaron a emerger los personajes, los lugares, algunos reconocibles, otros totalmente inventados. Ese realismo mágico alla Páez: una excursión a la profundidad de su creatividad y también al corpus infinito que compone su propia estética (y su ética, y su política). Un recorrido por los vericuetos de una voluntad artística que fuga siempre hacia tantos lados: el arrabal, el folklore, la mugre, la noche. El rock (el de acá, el de allá, el de todas partes). El pueblo chico, la ciudad infinita, el universo inabarcable, las estrellas, la luna, el barro, el fuego.
Todo pasó como flashes como flechas como sueños como recuerdos. Es una pena para los que no pudieron subirse al Trans Páez Express, porque verdaderamente fue una aventura. Una experiencia que habla de la poesía de estar vivos, del poder de inventar mundos, de la capacidad de atravesar realidades adversas, de moldear la propia vulnerabilidad, volverla arte, inspirarla como fuego y exhalarla como canción.
Fito no sabe odiar. Tiene ese corazón enorme: el que vino a ofrecer hace más de cuarenta años. El mundo cabe en el corazón de Fito. Y por eso tiene el poder de saltar por encima de una situación tan incómoda, y por demás injustificada, sin dejar de atenderla. Un corazón expansivo, elástico, infinito, que tiene lugar para todos y todo. Incluso para quienes no tienen espacio para la la fantasía y la sorpresa.
Es una lástima que haya habido tantas personas tan poco dispuestas a embarcarse en algo nuevo (¡por una hora!). Que no hayan recibido de buena manera el obsequio que fue ese delirio. Que no fueran capaces de poner por un momento esa ansiedad de protagonismo y arrojarse a los brazos de una historia bien contada y mejor tocada. Que no pudieran suspender la nostalgia para experimentar con más ardor un presente que se vuelve pasado tan rápidamente y que va a hacer todo lo que esté a su alcance por no convertirse en olvido.
Y es una vergüenza que hayan chiflado de esa manera antes del final de la primera parte (porque, tal como anunció al comienzo, a continuación hubo más de una hora de hits de esos de cantar a voz en cuello), pero también es verdad que los insultos y las acciones en general tienen más que ver con quienes las instigan que con quienes las reciben. En todo caso, la altura con la que Páez rodeó el asunto viene a comprobar que por algo fue él el que puso las canciones en tu walkman.

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