Había futuro y era esto
Antes de su presentación en Flores, Barbi Recanati y Lucy Patané conversaron con Agenda de Shows sobre el recorrido que las trajo hasta este presente, sobre sus recuerdos y sus proyectos y sobre el estreno de la hermosa versión de “Paseo” que grabaron juntas.
Escrito por Lala Toutonian
Escrito por Lala Toutonian
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Hay bandas que te cambian la vida. She Devils es una de esas. Un nombre que, dicho en la conversación correcta, produce un reconocimiento inmediato, casi físico: un “ah, vos también” que acorta distancias más rápido que cualquier otra cosa. Una banda del under porteño de los dos mil que sonaba a algo que no se parecía a nada más, que grabó poco y que, sin embargo, sigue viviendo en la memoria de quienes la escucharon como si hubiera grabado muchísimo.
Barbi Recanati y Lucy Patané no se necesitaban para saber que “Paseo” era perfecta. Cada una la llevaba consigo desde hacía años: en el discman, en el teléfono, en esa playlist mental de canciones que describen exactamente lo que sentís cuando todavía no sabés cómo describir nada. La soledad porteña. El movimiento entre el conurbano y la ciudad. Esa sensación tan específica de estar yendo hacia algún lado sin saber bien adónde.
Lo que no sabían era que la otra también.
Hace unas semanas, ambas estuvieron en la Feria del Libro, cada una por su lado, con sus propios shows y sus propios públicos, en la edición cincuenta, la del número redondo. Y en algún momento de esas noches, entre el ruido y la gente, quedó flotando la pregunta: ¿qué pasaría si juntaban todo eso en un mismo escenario?
El 5 de junio, en Teatro Flores, tocan juntas pero separadas por primera vez. Y tocan “Paseo”. Acá las entradas.
She-Devils on Wheels

Quienes vivimos la escena under de los 90, lo sabemos: había algo en She Devils que desacomodaba el paisaje del rock argentino incluso antes de tocar una nota. En un espacio todavía dominado por cierta épica de aguante testosterónico, ellas aparecían con una oscuridad glam, fría y filosa, como si hubieran salido de un club gótico perdido entre Constitución y Berlín Occidental. Integrada por Pat Pietrafesa, Pilar Arrese e Inés Laurencena –entre otras músicas, además de Lulo, el primer batero, que pasaron por la formación–, She Devils construyó una estética donde convivían el punk bien garagero, el after punkie porteño y una femineidad rara vez vista entonces. Porque ellas no buscaban agradar, querían incendiar el decorado.
Más que una banda, fueron una anomalía hermosa dentro de los noventa locales. Una aparición espectral en una escena donde las mujeres todavía tenían que explicar demasiado su presencia. She Devils no, claro, no pedía permiso. Entraba al escenario como quien ocupa una casa abandonada. Y dejó algo que todavía reverbera: la posibilidad de habitar el rock desde otro cuerpo, otra violencia y otra imaginación.
“Siempre decíamos: hagamos ‘Paseo’”
—¿Cómo surgió la idea del cover?
Lucy Patané: Honestamente, no pensamos demasiado nada. Todo parece calculado, pero no. Para resumirlo: Barbi subió una versión de “Paseo” en 2020 y yo le comenté: “Che, para mí también es una canción muy especial, que marca un momento de la vida, por cómo está cargada de imágenes”. Le dije: “Algún día tenemos que hacer este cover”. Y quedó dando vueltas durante años.
Barbi Recanati: El año pasado tocamos en Temperley y dijimos: “Che, ¿hacemos ‘Paseo’?”. Siempre aparecía. Era una deuda pendiente, algo muy personal.
L.P.: A mí me gustaba la idea de tener “nuestro tema”. No hacer “Blackbird” de los Beatles o un clásico universal. Lo nuestro era “Paseo”. Era apropiarnos de una canción que nos atravesó a las dos. Lo grabamos y, de alguna manera, también terminó funcionando como una especie de agite para el show en Flores. Porque estamos celebrando una manera de hacer las cosas que aprendimos un poco de ellas.
B.R.: Me pasó algo raro esta semana, cuando salió la canción. Para nosotras, She Devils siempre fue algo importantísimo. Para nosotras y para muchísimas músicas de nuestra generación. Entonces hacer “Paseo” era simplemente: “vamos a hacer un cover de She Devils”. Y de repente empezaron a llegar mensajes de “qué loco”, “por fin”, “qué importante”. Ahí entendí que tal vez había una dimensión mítica de la banda que nosotras naturalizábamos. Y sí, hay algo muy lindo en pensar que las dos empezamos yendo a ver shows de She Devils y hoy vamos a tocar nuestro propio Teatro Flores haciendo una canción de ellas.
“Podían ser cien bandas, pero en los escenarios seguían siendo todos tipos”
—Muchas bandas hechas por mujeres quedaron archivadas como curiosidades de época. ¿Cómo viven ustedes esa idea del archivo?
B.R.: Cuando empecé a tocar era raro tener 18 años y estar arriba de un escenario. Y además compartir mucho con Lucy, que tenía mi edad. Éramos muy chicas dentro de la escena. Hoy nos reímos y decimos: “Somos dos cuarentonas haciendo nuestro Teatro Flores”, mientras alrededor aparecen bandas de pibes de veinte. Pero sí recuerdo algo muy claro: yo tocaba muchísimo y, de diez shows, tal vez una vez me cruzaba con otra chica. Entonces podían existir cien bandas hechas por mujeres, pero lo que veías en la calle eran hombres.
Por eso ver a Lucy tocando o ver a She Devils era hipnótico. No porque no existieran otras mujeres, sino porque era rarísimo sostenerse en esos espacios a lo largo del tiempo. Hoy eso cambió muchísimo. En 2026 ya no es raro ver mujeres o personas disidentes arriba de un escenario. Al contrario: a veces lo raro es ver una banda completamente formada por hombres.
“Somos nuestras propias CEOs”
—¿Sienten que algo del espíritu de She Devils o de esa época se perdió?
L.P.: Algunas cosas sí cambiaron. Pero hay algo que sigue intacto. Lo hablábamos hoy: entre nosotras, con Paula Maffía, con Paula Trama, todavía circula esa lógica de compartir información, contactos, lugares donde tocar y donde no tocar. Eso me recuerda mucho al hardcore y al punk. Las herramientas cambiaron, el mercado cambió, la economía cambió, pero el espíritu de “hacelo vos misma” sigue estando. Para mí hubo bandas fundamentales en eso: She Devils, (los tengo que nombrar) El Otro Yo y, obvio, Fun People. Ahí aprendí una forma de hacer música.
B.R.: No sé qué fantasía tiene la gente sobre cómo hacemos las cosas, pero en realidad seguimos siendo nuestras propias CEOs. Compartimos Excel, buscamos imprentas baratas, hacemos merchandising con amigos emprendedores, respondemos mails sentadas en una vereda. Antes había que mandar cartas por correo. Ahora algunas herramientas son más simples. Pero seguís siendo vos haciendo de manager, prensa, contadora, productora y artista al mismo tiempo.
“Ver tocar a Lucy es como jugar en un equipo donde está Messi”
—¿Qué admiran una de la otra?
L.P.: De Barbi aprendí mucho a perderle el miedo a hablar de números y del valor económico de nuestro trabajo. Tiene una mirada muy clara sobre eso. Y admiro mucho cómo decidió construir su proyecto después de haber pasado por otras experiencias en la industria. Me representa muchísimo.
B.R.: A Lucy la admiro desde la primera vez que la vi tocar, hace más de veinte años. Me parece una de las personas más talentosas que conozco. Y sí, para mí importa decir que es mujer, lesbiana y todo lo que representa. Porque cuando yo la veía tocar sentía algo parecido a estar en un equipo de fútbol donde juega Messi. Como decir: “Sí, yo la conozco, juego con ella”. A veces la veo arriba del escenario y siento que estoy viendo algo igual o mejor que cualquier leyenda del rock que solemos mitificar. Y encima lo estoy viendo ahora, en vivo.
“Nunca hice mi Teatro Flores”
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—¿Qué significa tocar en Teatro Flores?
B.R.: El Teatro Flores representa algo muy específico para mí. Es uno de esos lugares que todavía significan lo mismo que hace veinte años. Toqué ahí una vez como telonera de The Cult, cuando era muy chica. Y siempre quedó como ese lugar al que quería llegar con mi propio proyecto. Después pasé por Niceto, La Trastienda, Vorterix, C Art Media… pero nunca había hecho mi Teatro Flores. Entonces hacerlo así, juntas, fue perfecto.
Y también hay algo muy fuerte con el público. Muchísima gente creció con nosotras mientras nosotras crecíamos como artistas. Cuando veo a mil chicas haciendo pogo pienso: esto no existía antes. No acá, ni en ningún lado. En medio de una crisis tan profunda como la que atraviesa Argentina, poder hacer algo feliz para nosotras también es importante.
“La mística aparece con el tiempo”
—¿Qué pasa con la mística musical en quienes no vivieron ciertas escenas?
L.P.: El pasado siempre termina cargándose de mística. A mí me pasa, por ejemplo, con el audio de Jorge Cafrune presentando por primera vez a Mercedes Sosa en Cosquín. Eso quedó registrado y se volvió un momento histórico. También me pasó de chica, viendo un fanzine de Pat y Fun People donde leí por primera vez “aborto ilegal, asesinato”. Son pequeños hitos que te cambian.
B.R.: Y la mística también transforma todo. Yo empecé a leer historias sobre cosas que viví hace quince o veinte años y pensaba: “Pará, mi recuerdo no era ese”. Tal vez yo estaba tocando en un bar para cuarenta personas y terminé haciendo mosh sobre dos mesas, y me fui a dormir avergonzada porque había tomado de más. Y hoy alguien recuerda eso como un momento épico. Creo que con “Paseo” nos pasó algo parecido. Cuando subí la versión en pandemia era simplemente una canción que me gustaba. Pero ahora, viendo el contexto actual, entiendo que hay una dimensión histórica que antes no veía.
En 2011, Rolling Stone Argentina hizo una lista de los cien mejores guitarristas del rock nacional. Éramos tres mujeres: María Gabriela Epumer, Gabriela Alfie y yo. Hoy habría veinte. No porque ahora existan mujeres talentosas: ya existían. Lo que cambió es que ahora hay más espacio, más referencias, más continuidad. Y eso fue antes de que aparecieran con fuerza nombres como Lula Bertoldi, Malena Pizarro, Chipi o Lula Bertoldi consolidándose masivamente.
“Un recital es ensayar una forma de vida”
—¿Qué vamos a ver en el show?
L.P.: Volumen.
B.R.: Los amplificadores en once, como en Spinal Tap. (Risas)
L.P.: Diversión. Un fanzine, una fecha armada colectivamente, gente amiga trabajando alrededor. Todo el entorno está cebado.
B.R.: Todas esas son decisiones políticas. Y es hermoso cuando las cosas están hechas desde una perspectiva ideológica. Me da pena cuando dicen que la música no debe politizarse, porque ahí se pierde muchísimo.
L.P.: Hay una frase de Pat que me encanta: un show es un ensayo de cómo te gustaría que funcionaran las cosas. Que todo se distribuya de otra manera. Que todos participemos. Que todos sean felices, arriba y abajo del escenario.
Hacer un recital es eso: ensayar una forma de vida.
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