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Entrevista con Marcelo Moura y Mauro Serra

"El objetivo no es el éxito en sí, es la búsqueda"

A días de su show en el Gran Rex para celebrar los cuarenta años del álbum Locura, los miembros fundadores de Virus conversaron con Agenda de Shows acerca del presente de esta banda que desde los años ochenta se impulsa hacia el futuro.

Escrito por Lala Toutonian

Virus vuelve (nunca se fue). Y aclaremos algo de entrada: no es nostalgia, es insistencia, permanencia. El sábado 2 de mayo toma el Teatro Gran Rex con algo más que un show: una celebración incómoda del tiempo. Cuarenta años de Locura, sí, ese disco que no envejeció porque nunca quiso pertenecer del todo, y una lista de canciones que siguen sonando como si acabaran de escapar de los 80.

¿Un repaso de grandes éxitos? Pero, por favor, un poco de respeto que esto es una reactivación.

Virus no vuelve, decía más arriba, porque en realidad nunca se fue. Cambió el contexto, cambió el consumo, cambió la forma de escuchar. Ellos no.

Marcelo Moura y Mario Serra ya pasaron por el teatro, midieron el espacio, afinaron la maquinaria. Lo que viene no es prolijo: promete fricción, invitados, desvíos. Un show que no se limita a tocar canciones, sino a ponerlas en circulación otra vez.

Porque “Pronta entrega”, “Una luna de miel en la mano”, “Sin disfraz”, “Pecado para dos” son hits, sí, claro, pero también son dispositivos. Canciones que siguen operando sobre el cuerpo, sobre la forma de moverse, de desear, de mirar.

Virus nunca fue retro. Fue y sigue siendo una anomalía elegante dentro del rock nacional. Un clásico que no se deja domesticar.

Ag/S se juntó con su vocalista, Marcelo Moura y el baterista, Mario Serra. La terna la cierra Julio Moura en guitarra, siempre acompañados por músicos de primera línea, como no puede ser de otra manera

Se viene el Teatro Gran Rex, cuarenta años de Locura. Suena a aniversario pero también a otra cosa. ¿Cuánto sigue siendo nuevo lo que fue nuevo entonces?
M.M.:
Bueno, son realmente cuarenta años de locura-locura, porque la verdad es que la vida, la historia nuestra es muy loca, con muchos matices. Y Locura particularmente fue un disco emblemático nuestro, tal vez, yo creo que es un disco distintivo. Si nombrás a Virus, creo que inmediatamente se asocia a Locura por “Luna de miel…”, “Pronta entrega”, es un disco que tiene muchas canciones que han sido de las más trascendentes en nuestra historia. Y la verdad que lo vivimos muy a full, arrancamos con Mario en el año 79 y a partir de ahí fue siempre todo diversión, felicidad, con las cosas que tiene la vida también, pero...

M.S.: Pasó de todo obviamente, te imaginarás que en semejante tiempo ha pasado de todo, hay momentos muy lindos y otros que no, pero como es la vida misma, pasa de todo. Ahora estamos en un gran momento.

Siempre pienso a la banda como un matrimonio de muchos: vínculos que se arman, se tensan, cambian. ¿Se reconoce algo de eso ahí adentro?

M.M.: Totalmente. Pasó de todo en estos años: gente que se fue, gente que se sumó. Pero es así, es parte del recorrido. Lo importante es que hoy hay una muy buena relación y eso se nota.

El show viene con invitados. No pido nombres, pero sí una pista: ¿qué se puede decir?
M.M.:
Nos gusta que haya sorpresa. No es tanto una estrategia como una cuestión práctica: hay artistas girando, agendas que todavía no cierran. Lo que sí podemos decir es que hay gente de estilos muy distintos que quiere participar. Eso ya es un halago enorme para nosotros.

Me interesa eso: lo ecléctico. Vengo de una generación donde eras “Virus o Los Violadores”. Y, sin embargo, ambos convivían. ¿Cómo leen hoy esa tensión?
M.M.:
Nosotros aparecimos con una propuesta bastante disruptiva, y eso siempre genera resistencia. Es lógico. Si no, sería todo igual. En su momento se sintió: había reacciones fuertes, incluso físicas. Pero esas resistencias también son una señal de que estás haciendo algo distinto.

Locura puede parecer un poco paradójico, en el sentido que es un álbum que trata sobre el cuerpo, el sexo, el calor, y está hecho con instrumentos muy fríos, sintetizadores y demás. ¿Hubo ahí alguna forma de contraste que se llegó por casualidad, intencional?

M.M.: No fue un plan conceptual. Yo creo que tiene que ver con un momento del grupo en donde ya desde el disco anterior, que fue Relax, hicimos un giro muy grande hacia el lado de los teclados, de hecho en Relax dejamos de tener dos guitarristas para tener dos tecladistas porque eran tantos los arreglos de teclados que no alcanzaban las manos. Lo importante no es si el instrumento es “frío” o “digital”, sino lo que hacés con eso.

M.S.: No, son cosas que por ahí puede parecer que chocan, pero yo creo que más allá de que sean instrumentos digitales o fríos, el disco es un disco cálido para mí. Sí, exacto, el disco sí se logró, y a su vez es una época muy de ese tipo de instrumentos que fue hasta los ochenta y pico, ochenta y seis, ochenta y siete, que hubo una época de música, las baterías eran híbridas o electrónicas, y muchos teclados, y bueno, la música se hizo con eso, y lograr, como dice Marcelo, una música cálida con esos instrumentos, sí se puede, se pudo.

También aparece un cambio en las letras. Hay otra densidad, otro juego con el lenguaje. Pienso en Roberto Jacoby y en esa mezcla entre pop y cierta complejidad más teórica.
M.M:
Jacoby es brillante. Es muy creativo, viene de la publicidad, tiene una cabeza muy particular. Pero más allá de eso, hay una idea general en la banda: no repetirse. No hacer lo que la gente espera. No bajar a buscar al público, sino invitar a que el público suba. Subir la vara.

Sin repetir la fórmula, incluso si funcionó.
Exacto. El objetivo no es el éxito en sí, es la búsqueda. Con el tiempo, lo que queda es eso.

El sexo está en todo el disco, pero nunca aparece de forma directa. Hay una especie de rodeo elegante. ¿Eso es estético o casi político?
M.M:
El sexo es parte fundamental de la vida, pero muchas veces se lo trata como tabú. La diferencia es cómo lo abordás. No hace falta ser grosero. Se puede hablar de sexo de forma poética. Tiene que ver con una sensibilidad.

Pienso en Federico. Sin caer en lo solemne: ¿aparece en los shows, de alguna manera, más físicamente?
M.M.:
No, físicamente precisamente no, espiritualmente sí. Muchas veces, creo que el año pasado en el Gran Rex él ha participado desde la pantalla, pero también es por el estilo que hemos tenido siempre nosotros, es una cosa que no nos gusta abusar de recursos, de ese tipo de recursos, porque nada. Pero es inevitable que en todo momento, en show o en algo, siempre en una parte, a mí personalmente, en alguna parte del show o algo siempre aparece una imagen en mi cabeza, un recuerdo de tantas situaciones que hemos vivido, siempre aparece.

Virus en su momento llegó al synth-pop cuando el rock nacional todavía estaba procesando la resistencia a la dictadura que veníamos de pasar, y había como una expectativa, de que el rock fuera un poco más masculino. ¿Sintieron alguna forma de hostilidad a partir de esta elegancia que tenía Virus?

M.M: Bueno, la verdad es que nosotros aparecimos con una visión disruptiva, con un cambio muy grande, y yo creo que siempre esas cosas generan resistencia, afortunadamente, esa resistencia precisamente es un buen síntoma de que hay algo distinto, si no, sería todo igual. Pero bueno, son resistencias y discrepancias que son lógicas y que son hasta parte necesaria de alguien que viene a romper con moldes establecidos, y son hasta bienvenidas. No voy a decir la frase “Ladran, Sancho…” pero…

M.S.: Tal cual, y más, aparte físicamente, en varias oportunidades notamos que nos caían naranjas, zapatos, vasos, que era una demostración de que algo pasaba.

Roberto Jacoby, que participa escribiendo letras, que venía de trabajar con Oscar Masotta, gran psicoanalista lacaniano, y en Locura hay una forma del lenguaje en particular, un poco más nueva para Virus, que empiezan a usar una dimensión teórica aún más grande. Hay alusiones al Ulises de Joyce, como que se escribía para pocos entendidos, o quizá, no sé, o para que no entendieran, daba igual.

M.M: No, no, yo creo que el punto es que lo peor, lo que me parece en este caso, es que uno no haga lo que la gente espera que hagas, que no te repitas, y un concepto que me parece aún más interesante es que uno no tiene que bajar a buscar al público, sino que tiene que invitar a que el público suba. Entonces, de alguna manera, la intención es subir la vara, sería esa la traducción. De todas formas, claramente, Jacoby escribió muchísimas letras en toda nuestra carrera, es una persona brillante. Creo que eso estuvo acompañado de la parte de composición y musical, que también Virus ha sufrido procesos intencionales, porque siempre es una búsqueda en no quedarse en eso de, ok, listo. “Agujero interior” fue un éxito, nos hizo populares, porque esto es una búsqueda, sabemos que esto funciona, ok, probemos que otras cosas funcionen, sin repetir la fórmula. Y sin que el objetivo sea tener éxito, me parece que es más importante en definitiva, y con el tiempo lo que queda es esto, es poder subir la vara, poder subir la mirada de la gente y no hacer lo que ya conocen, o sea, ¿para qué? Hablamos de sexo, claro, pero, vamos, el sexo es una cosa fundamental en la vida de cualquier persona y siempre se ha tomado como un tabú hablar de sexo, cuando en realidad es parte esencial de nuestras vidas. La diferencia, por ahí, es que nosotros somos gente ciertamente sensible y no ordinaria como para abordarlo desde un lado grotesco o grosero, se puede hablar hasta poéticamente porque es poético el sexo también, ¿no?

¿Qué pasa luego del Gran Rex?

M.S.: Bueno, ahora vamos a hacer una gira en Argentina, habrá mucho show acá en la Argentina, vinimos de España, que estuvo muy lindo, y ahora hay una gira que arrancamos en Neuquén y va a estar bastante movidito, en todas las provincias de Argentina. Y la gira de España fue bravísima pero la aguantamos bien y se disfruta porque es una dinámica puntual, y cuando vos entendés la dinámica, más allá de los viajes, de los horarios y de lo que pueda agotar físicamente, se disfruta. Nosotros tenemos una muy buena relación, entonces vas a una provincia, que en las provincias te reciben con una calidez infernal, cenamos todos juntos, nos divertimos, charlamos, vamos, es un privilegio poder tener este trabajo.

Esto está muy lejos de ser un homenaje. Es presente. Porque viste que hay aniversarios que se vuelven trámite y hay otros que funcionan como una excusa para volver a encender algo que nunca se apagó del todo. Lo de Virus con Locura cae claramente en la segunda categoría.

Nos encontramos a días del show en el Teatro Gran Rex. Cuarenta años de un disco que, dicho rápido, suena a efeméride. Dicho bien, suena a otra cosa: a una anomalía que sigue vibrando. Marcelo Moura no romantiza demasiado: la historia de la banda —dice— fue siempre “muy loca”, llena de matices, con momentos luminosos y otros no tanto. Locura, en ese recorrido, aparece como un punto de condensación. Un disco “distintivo”, el que se activa automáticamente cuando alguien nombra a Virus. No hablan desde la nostalgia sino desde un presente bastante concreto: están bien.

El show en el Gran Rex viene con promesa de invitados. No hay nombres. No por estrategia de marketing sino por algo más desordenado, como el rock mismo: agendas, giras, confirmaciones que todavía están flotando. Lo que sí aparece es una idea más interesante que cualquier lineup: la cantidad de músicos de escenas muy distintas que quieren estar ahí. Virus como punto de cruce más que como nicho.

Eso dice bastante.

Lo dicen sin vueltas: su aparición fue disruptiva. Y toda disrupción genera rechazo. No es teoría, es memoria física: les tiraban cosas en el escenario. Naranjas, zapatos, lo que hubiera a mano. El cuerpo del público reaccionando antes que cualquier discurso crítico.

Ahí había algo que no cerraba para cierta idea de “rock nacional”: demasiado elegante, demasiado ambiguo, demasiado poco solemne para un contexto que todavía estaba procesando la salida de la dictadura y esperaba otra épica.

Virus fue por otro lado.

Locura también es eso. Un disco atravesado por el cuerpo pero construido con máquinas, teclados, superficies que en teoría deberían enfriar todo. La respuesta es casi una toma de posición estética: no hay contradicción. Lo digital también puede ser cálido. Y en todo caso, el contexto de los 80 hacía inevitable ese lenguaje.

El punto no era la herramienta sino lo que se hacía con ella.

El presente, mientras tanto, es bastante menos contemplativo: gira por Argentina, fechas en distintas provincias, el cuerpo todavía respondiendo a una dinámica que, dicen, una vez que la entendés, se vuelve disfrutable. Viajar, tocar, comer juntos, repetir. No como rutina sino como forma de vida.

Antes de cerrar, pienso que Locura sigue funcionando porque nunca fue del todo de su época. Y porque Virus siempre fue presente y hasta futuro pero nunca pasado.