20 años construyendo una identidad latinoamericana
El artista chileno conversó con Agenda de Shows antes de su desembarco en la Avenida Corrientes, el próximo 18 de septiembre: dos décadas de música, ideas, política y canciones y el abrazo del público en la pista de baile.
Escrito por Lucha Miranda
Escrito por Lucha Miranda
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Hay artistas que llegan a una sala. Y están los que, como Alex Anwandter, transforman en territorio propio el espacio donde tocan. Veinte años después de empezar, el músico chileno no celebra un aniversario. Celebra una relación.
Anwandter es de esos casos que desafían la taxonomía fácil. No es solo un cantante. No es un artista pop, aunque toda su obra es profundamente pop. No es un político, aunque su música estuvo siempre en conversación tensa y generosa con lo social, con las grietas por las que se cuela la realidad.
Con cinco discos que trazan una línea de coherencia casi incómoda para una industria que espera zigzagueos, cambios de piel, reinvenciones cada dieciocho meses, Alex hizo algo raro: insistir. Insistir en la búsqueda. Su Latinoamericana (2018) fue una declaración de principios a través de la música, lo que le valió una nominación a los Latin Grammys. El diablo en el cuerpo (2023) llegó cuando muchos presumían que ya todo estaba dicho en el pop latino. No estaba.
Lo notable es que mientras construía su propia obra, Anwandter comenzó a producir a sus amigas. Trabajó con Julieta Venegas en el álbum Tu historia, coprodujo el debut solista de Juliana Gattas, dirigió la película Nunca vas a estar solo (premiada en Berlín). Es decir: el tipo no solo hace canciones. Mete las manos en el barro ajeno para ayudar a armar obras que dejan su marca en la pista de baile.
En Buenos Aires, su presencia creció de forma casi silenciosa. Pasó de venues como Groove, Vorterix o Art Media, a agotar tres funciones consecutivas en Niceto. Su próximo paso será el Teatro Gran Rex, el 18 de septiembre. Para Buenos Aires habrá invitados, habrá sorpresas, habrá una selección de canciones que recorrerá dos décadas de su discografía.

Hablamos con Alex Anwandter sobre esos veinte años, sobre cómo la política y la música pueden convivir sin traicionarse, sobre por qué decidió soltar a David Bowie, sobre lo que significa ser un artista de y para Latinoamérica. Y sobre cómo se construye una relación verdadera con el público cuando todo a tu alrededor te empuja a buscar números, plata y un sinfín de espectadores.
¿Qué artista te imaginabas ser cuando empezaste y cómo te ves ahora?
Yo creo que me imaginaba ser como David Bowie. Pero ahora entiendo que es mucho más importante ser uno mismo, más que cualquier persona que uno admire. Pero eso no lo digo como un fracaso, sino como algo súper importante. Para mí es súper importante ser un artista de Latinoamérica que hace cosas para Latinoamérica. No con un afán de exportarme a mí mismo y de dominar al mundo, sino que siento que es como un servicio público: hacer canciones p ara tu propia sociedad.
¿Te acordás en qué etapa de tu carrera estabas cuando dijiste que esto formaba parte de la identidad de tus proyectos o era hacia donde querías ir?
Yo creo que fue más bien un proceso que estuvo muy de la mano con un proceso social de Chile. Que ha sido todo lo que ha sucedido a través de mi vida, sobre todo durante el tiempo que vivía en Chile, que, por decirlo en pocas palabras, es el esfuerzo de Chile de despojarse de la herencia de la dictadura. En Chile, a diferencia de aquí, por ejemplo, la dictadura fue mucho más larga. Fueron 17 años. Y eso se nota. Quiero decir, la sociedad quedó mucho más impactada.
El desmantelamiento de tejidos sociales, de todo tipo de conexiones que existían, fue muy profundo. Y volver a recuperar todo eso ha tomado mucho esfuerzo de mucha gente durante muchos años. Y no se ha logrado completamente aún. Siento que mi camino artístico ha estado bien relacionado a eso: a ese proceso y al proceso en que como sociedad fuimos adquiriendo conciencia de ese camino.
Entonces, para ser un poco menos abstracto: desde 2006 en adelante, coincidentemente, que fue justo la época en que empecé a trabajar, empezaron marchas en Chile y tomas para protestar por todo tipo de problemas que eran herencia de la dictadura. Cosas que no decidimos porque teníamos una Constitución que se escribió en dictadura todavía. Mi desarrollo estuvo ligado a querer conectar mi trabajo a las ideas que yo apoyaba, en las que participaba como persona, acompañando a veces como artista también, pero mis canciones no las verbalizaban tan explícitamente. Entonces el trabajo fue como de unirme yo como ciudadano chileno y latinoamericano con mi trabajo artístico.Por eso te decía que al final David Bowie no tiene nada que ver con eso. Es súper importante desconectarme de esas pretensiones.
¿Cómo armaste este Frankenstein político, musical?
Ahí hay un armado propio de ser político y artístico. Yo no lo veo así, en el sentido de que no veo como un monstruo que armé o algo que construí, sino de ideas de las que me despojé. Por ejemplo, lo de David Bowie es una cosa que tuve que soltar, en el fondo.
No dije “voy a ser una especie de artista latinoamericano todo político”. Siento qué es lo que me preocupa, qué es lo que está en el camino de que esas cosas sean orgánicas y coherentes con mis ideas políticas. Yo me fui deshaciendo de todas las ideas del éxito, de fama o todas esas cosas que muchas veces son el norte o el propósito de personas que entran en esta industria.
Pero no fue algo que construí, fue más bien algo que intenté volver coherente. En vez de sumar más capas, despojarme de cosas porque la información ya estaba alrededor mío. No es como que yo inventé una canción de protesta latinoamericana. Era simplemente tomar una herencia. En el caso de Chile, por ejemplo, quizás mi grano de arena fue volver a traer ese tipo de lenguaje o de ideas a la música popular y renovar el vehículo estético.
Quiero decir: la música con contenido social, por llamarlo de alguna manera, en Chile está siempre súper ligada al folclore. En Latinoamérica en general. En Brasil no tanto. En Brasil está más en lo que ellos llaman MPB, música popular brasileña, que es un género bastante amplio que toma cosas del folclore y lo mezcla todo. Y a mí me dan ganas de hacer una cosa así también: de mezclar mis influencias. Me di cuenta de que yo tenía una ventaja sobre los músicos de Inglaterra, porque ellos conocen a David Bowie, pero no conocen a Violeta Parra, y yo conozco a David Bowie y a Violeta Parra. Y eso fue como una cosa bien interesante para mí. David Bowie y Violeta Parra conviven en una misma persona. Y eso es algo nuevo.

¿Cuándo te encontraste también con esta manera de hacer política dentro de la pista de baile? Porque tus canciones también te llevan a eso.
Fue un poco una conclusión a la que llegué a través de lo mismo que estábamos hablando antes: la necesidad de renovar las estéticas de protesta, entre comillas, porque si yo me dejo crecer la barba y me pongo con una guitarra criolla a hablar sobre el campesino de no sé qué... eso ya no tiene vigencia. Es obsoleto, tampoco es genuino, porque yo no soy un campesino. Entonces pensé: cuál es la manera sincera y más atractiva de hablar de algo que no es tan entretenido de hablar, como por ejemplo la herencia de la dictadura.
Yo no sé si lo he logrado, pero es la búsqueda a la que me aboqué en cierto momento de mi vida.
Ahora, para el festejo de tus 20 años de carrera, estás preparando un show que el 18 de septiembre va a llegar al Gran Rex. ¿Hay alguna canción que no quieras que falte o hay algo que es significativo dentro de lo que es este festejo, más allá del aniversario?
Hay canciones que me parece que tienen que estar. Estos shows de celebración solo me hicieron sentido real porque yo no soy muy del autobombo. Entonces me da un poco de vergüenza, pero después entendí que estoy celebrando 20 años de una relación con el público. Y eso es una cosa que me impresiona un montón. Y me dan ganas de festejarlo.
Y en ese sentido, a lo que voy, es que me dan ganas de hacer algo para ellos. Me da lo mismo un poco lo que yo piense que no tiene que faltar. Me importa un poco más lo que ellos piensen que no tiene que faltar.
¿Hay un disco o alguna etapa dentro de toda tu discografía que hoy veas distinto? Que, por ejemplo, cuando lo lanzaste era tu preferido y después fue cambiando ¿o a todos los valorás de la misma manera?
Van cambiando mucho mis percepciones de mis discos. Como ya tengo que estar armando el setlist de estos conciertos, me puse a escucharlos, cosa que no hago mucho, sobre todo con los más antiguos. Me puse a escuchar unos discos de mi primera banda (Teleradio Donoso) y dije: “Yo pensé que esto era pésimo”, y la verdad es que está bastante bueno. O sea, entiendo por qué a la gente le gustó en su momento. Me hizo sentir muy bien porque eran rarísimos, estaban llenos de ideas no excéntricas, pero muy idiosincráticas. Me pareció bueno tener 22, 23 años y estar haciendo eso: eran ideas poco populares en esa época. Y se me hizo algo muy valorable como artista estar intentando hacer lo de uno en vez de lo de otros.
En mi primer disco hay un par de canciones que digo: “Esto está súper bueno y se mantiene todavía”. Y después sí encuentro que fui mejorando como compositor, entonces no tiene que ver tanto con que sean antiguas, sino con que no me parece que estén tan bien hechas. Pero sí hay algunas que igual me parecen bien hechas.
¿Qué tiene tu música hoy que no podría haber tenido hace 10 años? Ahora tenés nuevas ideas, mejoraste a nivel composición...
Yo creo que tiene una especie de comodidad con ser vulnerable que requiere cierta madurez. Hace un rato estaba hablando con otra persona y le decía que a mí me ha gustado mucho envejecer. Me siento muy bien, y siento que es re lindo aprender a disfrutar de eso. Partiendo porque no queda otra, vamos a envejecer sí o sí, no debería ser algo que uno resista, sino que uno aprenda a ver lo bueno. Y una de las cosas que he encontrado muy lindo de envejecer o crecer es sentirme bien conmigo mismo, sentirme cómodo y demostrar que me pasan las mismas cosas que a cualquier persona: que todos estamos remando un mundo muy difícil, sintiendo cosas profundas y emocionantes. Y graciosas.
Hoy en día los artistas están muy obligados o presionados a mostrar todo el rato como una especie de éxito, de vida de lujo, de exclusividad, y cosas así. Y yo voy en una dirección un poco opuesta. No quiero pretender cosas. Y todo eso me ha llegado con la edad.
Nos alejamos del discurso más rockero de “muere joven, deja un cadáver hermoso”.
Porque uno se evalúa a sí mismo con estos estándares ajenos. Y, por ejemplo yo, como cualquier otra persona, a veces encuentro que no me veo bien, o no me gusta cómo me veo. Y después pasan cinco años y veo una foto de ese momento y digo: “Ay, estaba re lindo”. Y después pasan diez años, van pasando el tiempo y digo: “¿Por qué me trataba mal a mí mismo? ¿Por qué me sentía insatisfecho si en verdad estaba bien?”. Y entonces hago un esfuerzo de intentar sentirme bien conmigo mismo ahora, no en diez años.
¿Cómo haces para nutrirte para poder sacar tanta obra? ¿Qué pensás que fue tu materia prima, además de las ganas? ¿Lees, ves muchas películas, vas a muchos shows, charlas con tus amigos?
Soy un poco hiperactivo de cabeza. Siempre he tenido problemas para dormir temprano porque la cabeza sigue funcionando. La productividad no es un problema para mí; es más bien que todos mis esfuerzos han sido lo contrario: aprender a relajarme, aprender a bajar el ritmo, aprender a disfrutar del momento, aprender a valorar lo que he hecho. Pero si me preguntas cómo haces para producir tanto, ese no es mi problema; es lo opuesto.
Hay un factor también de no estar satisfecho, de estar haciendo algo nuevo todo el tiempo, que no es tan bueno. Igual no me funciona tanto, como verás.
¿En qué momento sentís que ya tenés un disco cerrado o que querés abrir un camino a otra obra?
Sucede un poco naturalmente. Siempre estoy escribiendo canciones; casi nunca paro de escribir. Y las canciones se agrupan solas: van cada una como auto-clasificándose en algún receptáculo que termina siendo el disco. Y es un proceso igual interesante. O sea, discernir cuál es un grupo de canciones, cuál está fuera de eso, cuál fue como un ejercicio de estilo, cuáles son más sinceras, cuáles están mejores.
Es todo como un proceso bastante orgánico que termina en una evaluación más conceptual. De tipo: “Ok, quiero que el disco hable de esto”, pero también hay algo que tiene que ser natural. O sea, esto es lo que tengo en las manos, estas canciones hablan de esto, eso es un disco y esto no es un disco.

Cerraste trabajos, sacaste bastantes discos, porque son varios. Y también esto que hablabas de producir para otros, hay como una línea conductora, porque se escucha un sonido que tiene tu identidad detrás de eso. ¿Hay algún otro artista con el que te gustaría trabajar, como con Juliana Gattas, María Wolff y ahora con Julieta Venegas?
No hay nadie en quien yo esté pensando porque, no por ser el más hippie de los hippies, me gusta mucho trabajar con gente con la que me llevo bien, con la que soy amigo desde antes. Obviamente me encanta hacer música y producir, y las tres personas que mencionaste son músicas que admiro mucho, Julieta, Juliana y María, pero también son mis amigas.
Y yo tengo la suerte de tener otro trabajo, que es ser músico. No solo soy productor, entonces puedo elegir muy bien con quién trabajo. Y en general lo hago con mis amigas, porque es una manera de asegurarse de pasarlo bien.
Te presentaste en diferentes ocasiones acá; el público también ha ido creciendo con vos. Pasaste de fechas más chicas a festivales. ¿Cómo te sentís con la escena argentina?
Me encanta Buenos Aires como ciudad. Hay una cosa muy especial acá que es que hay como una especie de mensaje del público argentino hacia sus artistas locales que encuentro muy lindo, que es como que les dijeran que no necesitan del resto del mundo. Se me hace muy linda la manera en que valoran a sus artistas. Y hay gente muy talentosa.
Todas las generaciones tienen personas muy talentosas. Me encanta; es muy entretenido. En general, mi música por alguna razón siempre le ha gustado mucho a los músicos. He tenido mucho acercamiento de artistas de acá porque les gusta lo que hago. Ustedes saben que soy medio nerd con las cosas musicales y como medio cuidadoso con mi trabajo, y eso lo aprecian.
¿Y con el público cómo te sentís?
Es medio vergonzoso porque es un cliché decir esto, pero son el mejor público en términos de energía y entusiasmo. Hace un rato hablábamos del fenómeno único de aquí: que el público te canta las partes instrumentales de las canciones. Es una locura. No pasa en ningún otro lugar y es muy divertido. Ni en Chile hacen eso, que es como el público más grande que tengo, obviamente. Son un poquito más recatados.
¿Cómo te sentís al llegar a un escenario tan importante acá, emblemático en Buenos Aires, el Gran Rex?
Me gusta mucho por lo que representa de mi relación con el público. En un lugar que me gusta tanto, con un público que me parece tan copado, como dicen ustedes, que se haga algo que queramos disfrutar mutuamente en un lugar más grande porque ya somos muchos. Eso es entretenido. Pero lo veo más como una relación que como un logro. El trabajo que yo hago a nivel producción va a ser más grande, pero emocionalmente es el mismo que en Niceto o en el Gran Rex.

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